miércoles, 1 de agosto de 2012 | | By: Cristina

El Olimpismo en Educación


Por olimpismo se entiende el movimiento internacional impulsado por el barón Pierre de Coubertin (1863-1937), consistente en la convivencia pacífica entre las naciones a través de la competencia deportiva, inspirado originalmente en las históricas justas atléticas de la antigua Olimpia (en el esplendor de la cultura griega, cuna del conocimiento occidental), lo que dio origen en 1896 a los Juegos Olímpicos de la era moderna.

Ante la efervescencia que provocan los Juegos Olímpicos de Londres, bien vale la pena reflexionar sobre los valores que se involucran en este magno evento de alcance mundial, debido a su innegable influencia en muchos ámbitos de la vida del hombre posmoderno, entre ellos, el educativo.

La educación, por su parte, representa el mecanismo por medio del cual unas generaciones transmiten su cultura a las nuevas generaciones para perpetuarla y, al mismo tiempo, contrariamente constituye el fundamento para el cambio y la renovación de lo obsoleto hacia niveles sociales superiores, con lo que simultáneamente se reproducen patrones y valores mientras se cuestiona su existencia.


La transmisión cultural en la escuela no solamente ocurre de manera formal en la enseñanza de contenidos de las diferentes materias, también de modo informal se está bajo la influencia del mundo circundante: las relaciones entre compañeros y con el maestro en el aula, la convivencia con otros niños en el patio, con los demás maestros y con otros adultos en la tienda escolar, las formas de recibir la clase, las ceremonias cívicas, los festejos, los concursos y eventos especiales, etc., todos son hilos transmisores de lenguajes y códigos que el individuo incorpora como esquemas mentales que luego influyen en la forma de entender la realidad y de comportarse; de ahí la importancia de cuidar y estar atento en lo que ocurre en el universo escolar.

La liga que más comúnmente suele establecerse para relacionar el deporte olímpico y la educación es a través de las clases de educación física que se cursan en la escuela básica, en las que el deporte se incorpora como uno de los contenidos curriculares. En muchos casos también se aborda la historia de los Juegos Olímpicos o se toman las hazañas de los deportistas que en ellos participan como medios para despertar el interés e incentivar la participación del alumnado. Sin embargo, nos preguntamos si el olimpismo es algo realmente valioso para la educación.

Cuando el maestro de educación física expresa en la clase sus preferencias por algún equipo profesional de fútbol, cuando comenta noticias sobre sus partidos, su entrenador o sus jugadores, cuando se promueve su imitación, etc., se genera un ambiente en el cual se asumen estos hechos como importantes, y se puede decir que se integran en el alumno como un valor: “Los valores hacen referencia a modelos ideales de actuar y de existir que el ser humano aprecia, desea y busca, y a través de los cuales interpreta el mundo y da significado a su existencia”.

Por esta razón, es conveniente confrontar los valores del olimpismo actual, como expresión máxima del deporte, con los valores educativos.

Según algunos autores, no pueden llamarse deportes cualquier tipo de ejercitación corporal, sino sólo a aquellos surgidos en el marco del capitalismo inglés y sus derivaciones, caracterizados por la competencia, una estricta reglamentación y organizados en torno a federaciones. Se dice que originalmente el deporte incorporó valores como el culto por el esfuerzo, el desprecio al peligro, el amor a la patria, la generosidad, el espíritu caballeresco, la estimación por las artes y las letras, etc.; en suma, se aspiraba a un estilo de vida en búsqueda de su significado universal.

Cautivado por estos principios, el Barón de Coubertin introdujo a la Europa continental el deporte inglés, agregándole los valores griegos de la paz y hermandad (tregua olímpica en conflictos armados), la lucha con honor, la abnegación, la modestia; y él mismo le imprimió su deseo de participación desinteresada: “Lo importante no es ganar, sino competir”.

No obstante, con el tiempo el deporte olímpico fue cambiando hasta convertirse en un verdadero fenómeno social y, de la mano de los medios de comunicación, se volvió espectáculo de las masas y objeto de consumo que generó toda una industria, incorporando una serie de valores muy lejanos a los que le acompañaron en su nacimiento, entre ellos las rivalidades, la sobrevaloración del triunfo y la derrota por encima de la participación, los fanatismos, el fenómeno consumista, etcétera. 


Esa importancia desmedida tomada por el espectáculo deportivo es totalmente perversa. Justifica la selección, el individualismo, la competencia entre la gente, consolida el espantoso mito del éxito individual, del self made man, pilar de la ideología estadounidense que gana terreno en todo el planeta. El mundo pertenece a los vencedores. Fuera los débiles.

Los impulsores de este tipo de deporte, como deportistas olímpicos (activos y retirados), cadenas televisivas y sus comentaristas, políticos y dignatarios, entre otros, han querido ver a la escuela como la base de una pirámide (“el semillero”) cuya cúspide sería el deporte de alto rendimiento. Por ello conviene deslindarla, porque se trata de algo incompatible entre los valores expresados y los estrictamente educativos.

El papel de la educación física escolar no es el de formar campeones, seleccionar talentos, ni adiestrar a los alumnos para el alto rendimiento deportivo, su misión está centrada en educar a través del movimiento, procurando que todos los alumnos se apropien de los suficientes conocimientos, hábitos y actitudes, relacionados con su motricidad, que les permitan responsabilizarse del cuidado y mantenimiento de su propio cuerpo el resto de su vida.

Como puede apreciarse, existe una diferencia muy notable entre el deporte espectáculo y la educación física; sin embargo, es justo reconocer que el deporte es un rasgo de la cultura física, histórico y distintivo de la sociedad actual y, como tal, está justificada su transmisión a través de la escuela; pero se trata de una actividad que ha de responder a un fin eminentemente educativo; se alude pues a una modalidad llamada deporte escolar, “de carácter lúdico, cuya reglamentación, instalaciones y equipo son adaptados a las características de los niños y jóvenes en edad escolar… A través de él se busca canalizar adecuadamente la competencia y durante su práctica propiciar la adquisición de actitudes y valores que enriquecen la interacción social de los alumnos.”

Entonces, ¿cuáles son las actitudes y los valores que deben promoverse en el deporte escolar? Las de tipo individual como el esfuerzo, el respeto, la dedicación, la concentración, el empeño, la disciplina, entre otras, que favorezcan el desarrollo motor del alumno y le autoafirmen su personalidad. Además de las de tipo social como la cooperación, la solidaridad, la lealtad, el compañerismo y el respeto a los demás y el entorno, entre otras, que permitan el establecimiento de lazos de cohesión y ambientes de cordialidad para una mejor convivencia social.

Se tiene que reconocer que es difícil sustraerse a la influencia de los medios (sobre todo la televisión), y como docentes o padres terminamos reproduciendo comportamientos del deporte comercial con los niños; sirvan entonces las líneas anteriores para establecer juicios críticos sobre los contenidos que verdaderamente educan y para entender que eventos tan relevantes para el deporte de alto rendimiento como los juegos olímpicos, campeonatos nacionales, internacionales o mundiales, etc., son un espectáculo digno de admirarse, pero sin llegar al fanatismo, que muchas veces ha orillado a la expresión incontrolada de conductas antisociales y desgracias tristemente recordadas.

En conclusión.

El deporte es una actividad con múltiples expresiones y modalidades que conllevan un conjunto de valores; para cumplir con sus finalidades formativas, la educación formal emplea una modalidad deportiva denominada deporte escolar con el propósito principal de coadyuvar a la conformación de los educandos en personalidades más íntegras en lo individual y lo social. Como consecuencia de lo anterior, también es papel de la escuela promover que los alumnos establezcan criterios claros sobre lo que es el deporte espectáculo, a fin de que puedan asumir actitudes críticas y responsables respecto a sus valores evidentes y encubiertos.

Fuente:

 
CAPEL, Susan y Jean Leah, Reflexiones sobre la Educación Física y sus prioridades, SEP, México, 2002.
CONTRERAS Jordán, Onofre, Didáctica de la Educación Física. INDE, Barcelona, 1998.
SEP, Programa de Educación Física, México, 1994.
VELÁZQUEZ Callado, Carlos, Las actividades físic
as cooperativas, SEP, México, 2004.

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