viernes, 13 de julio de 2012 | | By: Cristina

¿Cómo motivar a los alumnos?


Quiero compartir con vosotros un artículo de la profesora Pilar Román el cual, me ha parecido muy interesante:

Si somos sinceros muchas veces no todo lo que enseñamos se aprende. Podemos pasarnos una semana enseñando sin que nadie aprenda nada. La diferencia entre enseñar y aprender es lo que realmente debe preocuparnos. He de confesar que cuando das tus primeras clases como profesor tu intención es enseñar. Enseñas lo que sabes, lo que tú has aprendido. Pero, sin duda, cuando llevas años entrando en las clases no puedes seguir pensando en enseñar, sino que has de empezar a preocuparte  de que tus alumnos aprendan.

El comportamiento del profesor es uno de los factores individuales más importantes que determina el comportamiento del alumno. Nuestra forma de estar en clase enseña mucho más de lo que pueda enseñar lo que digamos. Salta a la vista la falta de interés y motivación de los alumnos ¿Cómo podemos motivarlos? Para ello debemos esforzarnos.

En nuestras clases entran alumnos que reciben información, la que nosotros vamos explicando en la pizarra, hay otros que la procesan y finalmente están los que se entretienen y se divierten. Una vez leí que debemos recurrir al cerebro emocional para que después,  sólo después, se abra el cerebro intelectual.

En este mismo artículo se explicaba que el aprendizaje es un proceso que comprende cuatro fases: la primera, en la que uno no sabe que no sabe; segunda, en la que uno es consciente de que no sabe (es aquí donde realmente se encuentran nuestros alumnos); la  tercera, en donde se aprenden hábitos nuevos e incluso uno se plantea ‘no sabré hacer esto’; y, finalmente, la última fase de competencia inconsciente en la que uno piensa que las nuevas habilidades pueden ser fáciles. Además, se puntualizaba que la necesidad de motivación no es tan necesaria en la fase 1 y 2 pero que en las otras es necesaria la motivación.

De ahí que la motivación resulta esencial para aprender nuevos conocimientos y los profesores debemos ayudarles a que deseen adquirirlos, a diferenciar los conocimientos buenos, a saber qué hacer con ellos.

En las redes sociales

Hoy en día las redes sociales acaparan la vida de los jóvenes y no tiene por qué ser malo si les ayudamos a usarlas. ¿Alguien les ha enseñado qué conocimientos buenos pueden adquirir en Facebook, Twitter, Tuenti  u otros? Aquí reside nuestra función de educadores.  ¿Por qué no compartir apuntes, trabajos o exposiciones?  No podemos dar la espalda al tiempo en que estamos. Aquí hay algo que nos  desfavorece y es que los alumnos ¿hasta qué punto quieren hacer un buen uso de los conocimientos en las redes sociales? Una vez leí una historia de Sócrates, quien llevó a la orilla del mar a un alumno que le había preguntado cómo podía ser tan sabio como él. Sócrates se fue con el alumno al mar  y le sumergió la cabeza en el agua, hasta que el muchacho consiguió librarse y sacarla. Entonces Sócrates le preguntó ¿qué querías cuando estabas bajo el agua? “Aire”, respondió el discípulo. A esto el maestro contestó “esto es lo que se requiere cuando se desea la sabiduría” Está claro que hay muchos alumnos que no desean “aprender” y aún así, no debemos sólo  aceptarlo sino proseguir.

En definitiva,  quizás como decía Goethe “si te acepto tal como eres, te haré peor; sin embargo si te trato como si fueras lo que eres capaz de llegar a ser te ayude a llegar a serlo”.

Fuente:
Pilar Román, profesora de Lengua y Literatura del Colegio Escolapias, en Gandía, Valencia
Revista Educación 3.0

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